Cada 2 de abril se conmemora en todo el mundo el Día de Concientización sobre el Autismo. En Yerba Buena, el Instituto Educativo Terapéutico San Martín de Porres y la fundación de Ayuda para Niños con Autismo (Ania) -que tienen una escuela en La Rinconada- instan a iluminar los frentes de sus casas de azul.
“El azul se ha transformado en el símbolo del autismo. Representa lo que viven a diario las familias con este trastorno. A veces, es un color brillante, como un mar en verano. Otras, se oscurece, como durante una tempestad. Por eso, invitamos a los vecinos a que iluminen sus casas de azul. Así, todos sabrán que hablamos de autismo”, dice Diego Tarkowski, director de la escuela.
- ¿Qué debemos saber sobre el autismo?
- El autismo es un trastorno, no una enfermedad. Se trata de una forma de pensar diferente. Eso hace que la persona con autismo conozca e interprete al mundo de un modo distinto. Y por ello, justamente, debemos proporcionarle herramientas para se sienta incluida.
- ¿En qué consisten esas herramientas?
- Quienes tienen el trastorno del espectro autista (TEA) funcionan como pensadores visuales. Si se les menciona la palabra ‘campanario’, por ejemplo, ellos piensan en las fotos y en los campanarios que han visto en su vida. Luego, a partir de esas imágenes, arman el concepto. Es decir que el proceso de acceso a la información recorre otro camino. Entonces, necesitan una ciudad con apoyos visuales.
- ¿Cómo se comporta un autista?
- Las personas con autismo no logran incorporar las reglas sociales; necesitan que esas reglas les sean explícitas. Si les ofrecemos un ambiente en el que se les traduzcan las relaciones sociales, haremos que se sientan cómodos y que disminuya su estrés.
- ¿Cuáles son las terapias o tratamientos?
- Como se trata de un trastorno, no de una enfermedad, no tiene cura. Pero sí se puede actuar de varias maneras. Se destacan las terapias cognitivas y conductuales.
En 2009, San Martín de Porres abrió su sede en Tucumán (la filial central se encuentra en Buenos Aires), en colaboración con la fundación de padres ANIA. Allí, a unas cuadras de la Plaza Vieja, desarrollan su método educativo.
Cuentan con un programa de escuela de educación especial, para los niños que tienen la posibilidad de acceder a una currícula; con un programa de habilidades especiales, para pequeños y chicos que necesitan mayor apoyo; y con un programa de transición a la vida adulta, para que los adolescentes logren independencia.